lunes, 11 de noviembre de 2019


INÚTIL

*
Me pinté las uñas
para que percibieras el brillo de mi cotidianeidad.
Me puse carmín en los labios
para que me sintieras sensual, como una diosa.
Me delineé los ojos con kohl
para que notaras la profundidad de mis pensamientos.

Me dibujé un suspiro
para rescatarte del infierno.
Me tracé una sonrisa
para diseñar en ti otra sonrisa.
Me construí una utopía
para sacarte de la tumba de las convenciones.

Pero todo fue inútil.

Debajo de toda la pintura habitaba un yo segmentado y confuso.
Descolorido,
como las fotos de mi infancia.


Ana Muela Sopeña

LOCURA COTIDIANA

*
A veces entre la niebla vislumbramos nuestra vida como algo onírico, como un sueño encriptado en el metal de los reflejos. Vamos dándonos cuenta de que nuestra historia es mitad tangible, mitad etérea. Nuestros pensamientos se tornan irreales y todo lo que contemplan nuestros ojos una pequeña muestra de la locura cotidiana.


Ana Muela Sopeña

CICLOS

*
En la infancia buscamos la memoria del juego
entre los sortilegios de una emoción desnuda.
Somos sobre los charcos solo gente menuda
y avanzamos despacio por caminos de fuego.

Al llegar a los veinte los días son un ruego,
una ilusión sin límite, un conjuro sin ruda.
La belleza se palpa como un ave zancuda,
cada hora es lo máximo, aunque uno sea ciego.

La madurez nos lleva por senderos de gloria
hacia una luz azul, en mitad de la niebla,
mientras pasa la vida oculta en la sonrisa.

La vejez nos arropa con su esencia de historia,
permite en el silencio huir de la tiniebla,
sentir en soledad el temblor de la brisa.


Ana Muela Sopeña

sábado, 9 de noviembre de 2019


PÉRDIDA EN LA BRUMA

*
Amamos contra el viento de la tarde,
en espirales blancas, con la luz,
para soñar mil mundos al trasluz
más allá del incendio que no arde.

Después llega la pérdida en la bruma,
esa que nos condena a ser de sombra
porque nadie visible ya nos nombra,
tan solo somos círculos de espuma.

La soledad nos hace ser oscuros
dentro del territorio de la piel,
en medio de la lluvia y la tormenta.

Al fin nos encontramos con futuros
que ya no se parecen a la miel,
la muerte nos acoge y alimenta.


Ana Muela Sopeña

VIAJE SIN RETORNO

*
Elena presintió, al fin, que aquel viaje sería sin retorno. Su relación con Mario ya no era un sueño sumergido en la belleza. Ahora cada cita era un calvario, una tortura envuelta en un teatro. Ellos ya no gozaban de las conversaciones sobre el mundo. Eran simples extraños, a pesar de estar juntos desde la adolescencia.
 
Ella fue preparando las maletas, para marcharse sola a otra ciudad distinta.
 
Aquel día de lluvia cerró la casa para no volver. Acudió a la estación. Se subió al tren nocturno con un plan: olvidar su fracaso en los raíles.


Ana Muela Sopeña

DE MAYOR QUIERO SER KILIKI

*
Pamplona es una herida que se abre melancólica a la desolación del abismo primero. San Fermín es la brecha por donde el pueblo llora por todos los instantes de locura. Crece el hambre en el mundo y la barbarie, pero los mozos corren los encierros demostrando el valor sin cortapisas.
 
Veinticinco figuras de cartón piedra desfilan por las calles, llenando la ciudad de alegría. Mi sobrino contempla, con sus ojos de infancia desterrada, a los kilikis que pegan a los niños con sus porras blanditas. "De mayor quiero ser kiliki", dice mi sobrino. En silencio sonrío y me sonríe. De mayor beberás kalimotxo, litronas del hastío y la desesperanza de la vida. O quizás correrás delante de los toros, pero no los de Pamplona sino aquellos corruptos ancestrales que buscan someternos con las injusticias de los números.
 
Mientras tanto la fiesta llenará nuestras venas de guirnaldas, de blanco, rojo e iris soñadores, abriendo cada año las puertas del umbral del necesario caos amado; para recuperar el orden áureo de este mundo. Entonces algo bello ocurrirá en la cuesta de Santo Domingo. San Fermín se abrirá a los fieles devotos con su mirada clara, inmutable, y la urbe festiva será siempre esplendor entre la lluvia.
 

Ana Muela Sopeña

jueves, 7 de noviembre de 2019


SOBRE LA VIDA BREVE

*
A Ramón Ataz

Brilla una estrella azul
en la noche callada.
Se escuchan a lo lejos
tus desnudas palabras.

Bajo la luna cruel
resuenan entre brasas
tus versos en el agua
más allá de la calma.

Los años han pasado
y la lluvia desplaza
los archivos del aire
por jardines sin ramas.

El tiempo en la distancia
conserva en una nube
la memoria poética
de tus letras, en cumbres.

Todo se visualiza
en aceras inmunes
a rostros sin historia
guardados en la urbe.

Fuiste, en la belleza,
diccionario de luces,
para soñar despiertos
con el núcleo del numen.

Tu obra nos alienta
a pensar en los bordes
sobre la vida breve,
volando cual gorriones.


Ana Muela Sopeña

SOMBRA DE LA NADA

*
El murmullo del alba
habita en el silencio de la luz
y el álbum del futuro
se parece a las nubes infinitas.

En el sigilo triunfa la esperanza
sobre la evanescencia de la tarde.

Contemplo en el mutismo del crepúsculo
los pretiles de piedra respirando.

Se ve la blanca luna en su guarida
y escucho los sollozos de los árboles.

El agua de la ría
espera de la noche con su niebla
la imperceptible sombra de la nada.


Ana Muela Sopeña

PESADILLA

*
El humo negro subía por las nubes
los países ya no eran universos
con aire puro.
Metales en suspensión
dañaban la garganta.
Toda la gente tosía sin parar.

Un fotógrafo amigo
vino a buscarme.
Me invitó a subir a su avión privado.

Escapamos por encima de las nubes.

Desde las ventanillas pudimos divisar
a todos los líderes del planeta en una cabina herméticamente cerrada.
Era un búnker volador.
No eran humanos. Eran de una especie intermedia entre aliens y animales.

Habían vendido nuestro planeta
a unos extraterrestres por un módico precio.

Sus rostros era como caretas del tren de los horrores.

Había que vocalizar unas claves.
Eran los códigos de la vida.
Solo así podríamos salvarnos.


Ana Muela Sopeña

QUIMERAS

*
Un hombre camina absorto
sobre aceras desnudas de belleza
en la noche que sabe
de soledad cargada de silencios.

En la luz de una herida
se mueve la ciudad ensimismada.

Una mujer le observa
desde una plaza fría
con la bruma perfecta, entre la lluvia.

Deambulan sin rozarse
bajo la luna cruel,
en los meses del año sumergidos
en pensamientos llenos de quimeras.

Farolas entre sombras
alumbran por las calles
los instantes amados
de un sortilegio envuelto en mil conjuros.

Un hechizo de árboles sin pánico
derrama sobre plumas de gorriones
relámpagos de niebla sin pulir.

El hombre sueña siempre con un barco
que le lleve hacia puertos
de colores transidos por espacios
de utopías dispersas.

La mujer imagina ser de sol
y sorprenderle a él con unas llaves
que abran la gris jaula para siempre.


Ana Muela Sopeña

ALFABETO DE LA ARENA

*
Arena en la sonrisa de tu alma
y en el sueño desnudo del instinto.

Barro sobre una playa de utopías
que albergan entre sombras un destello.

Caracolas de luz
en la orilla que busca los crepúsculos.

Dameros en las rosas que se duermen
al lado de los árboles espías.

Espacios seducidos por los lobos
en las grutas cerradas de la noche.

Fascinación en rocas sobre el mar
al deambular sin rumbo con el alba.

Gratitud en la niebla
al tiempo que el amor huye del caos.

Halo sobre la bruma traicionera
mientras los búhos miran los secretos.

Iridiscencia llena de contrastes
en la calima suave tras la lluvia.

Juegos entrelazados con las ramas
que persiguen las nubes sin temor.

Kamikaces de brisa en el silencio,
en las cuevas aladas del enigma.

Luceros en las líneas siderales
para sentir el vuelo de los astros.

Murmullos adheridos a luciérnagas
en un río de pétalos de lirios.

Noctámbulos alérgicos al ruido
en aceras que saben de nostalgia.

Ñoquis que nos recuerdan a la infancia,
cerca de la cocina, con buen vino.

Oráculos de mundos invisibles
en la esfera de un pájaro de fuego.

Palomas en tejados
anunciando el terror de los perdidos.

Quilates en las piedras
que asombran a muchachas inocentes.

Rizoma de belleza en la distancia,
en guaridas de enigmas sin raíces.

Serpientes que se ocultan bajo tierra,
en la zona que tiembla con la luz.

Tamarindos rebeldes
bajo la luna cruel, entre las hojas.

Urnas llenas de fotos y cenizas
de los muertos que moran en lo eterno.

Vitrinas aprendiendo a ser de agua
para lucir un mundo ya extinguido.

Walkirias que parecen de papel
danzando sobre el límite del vértigo.

Xilófonos que suenan en el bosque
para sentir frecuencias olvidadas.

Yoyós en los estantes de un bazar
para volver contentos a aquel tren
de la infancia extraviada en la neblina.

Zorros bajo la alfombra voladora
de aquel cuento escuchado a nuestro abuelo.


Ana Muela Sopeña

DESENCANTO

*
Aterricé en tu sueño, sin certezas, como cálida diosa del instinto, sabiendo que el amor era una imagen atrapada en tu mundo familiar. Supuse que tus álbumes de estío podrían esperar a la belleza en mitad de las cúpulas de piedra de la catedral de Notre Dame. Las gárgolas dormidas se afanaron en demostrar que todo fue un teatro, luces entrelazadas con despistes de carreras de viento en la tormenta. Un laberinto lleno de contrastes se llevó los misterios de la lluvia al tiempo que la herida melancólica comenzó su trayecto existencial. El tren de las guaridas se hizo híbrido al insistir en reinos de lo oscuro, amarrando los cuentos a la sangre. Un desencanto triste se hizo umbral de todo lo que hería lo sensible al llegar al secreto de la vida. Lo tierno se inclinó hacia los detalles, dentro de las esferas de la luna. Un círculo de códigos ocultos me susurró al oído las palabras, esas que se quedaron en tu cofre que nunca pronunciaste en la ebriedad.


Ana Muela Sopeña

miércoles, 6 de noviembre de 2019


A LAS VÍCTIMAS DE SRI LANKA DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN

*
Algo terrible iba a suceder
y todos lo intuíamos.
Podía ser en cualquier parte.
El mundo, hoy por hoy,
se ha vuelto pequeñito.

El llanto colectivo, sin límites de raza ni de credo,
se eleva este Domingo
de Resurrección.

Solo por las creencias y la fe,
solo por ser valiente y defender
la religión del Libro y de la Cruz.

Me pregunto en silencio
a dónde vamos.
Por qué seguimos todos
inmersos en las guerras
de religión.
No encuentro la respuesta.

Se habla de tolerancia,
de Derechos Humanos,
de comprender al otro y escuchar;
mas la realidad campa por libre
y discurre tristemente
por los ríos fanáticos
de ideas obsesivas,
por la violencia extrema,
por la intransigencia,
por la falta de diálogo.

Varias bombas en Sri Lanka.
Unas en templos cristianos
otras en grandes hoteles...

Humanos calcinados sin historia,
por la Historia de un mundo
en descomposición y deterioro.

Muertes entrelazadas con las lágrimas
de todas las personas de buena voluntad.

Plegarias aplastadas por la herida,
sumadas a la sangre de tantos inocentes.

Señores y señoras terroristas:
¿no entienden que su causa es algo absurdo?
¿no entienden que el lavado de cerebro
les ha hecho derrapar por la locura?
Es hora de que vuelvan a ser seres nacidos para amar y dialogar
y no simples robots de destrucción
usados por los monstruos del averno.


Ana Muela Sopeña

sábado, 2 de noviembre de 2019


PINCELADAS

*
El árbol de la infancia no es un árbol
es un trozo de sol ensimismado
que busca en pinceladas de la historia
la belleza de un tiempo sin el vaho.

Miramos sin temblar nuestra memoria
archivada en instantes de peligro,
para soñar desnudos con imágenes
saturadas de luz, color y brillo.

La casa entre las sombras de los sauces
se parece a aquel álbum familiar
con las fotos en sepia, retocadas,
en mitad de algún bosque de cristal.

Nuestra niñez no sabe de tristezas
todo se ha transformado en utopías.
En mitad del desierto hay un oasis
lleno de lo esencial de nuestra vida.

El arbusto de luna de un anciano
ya no sabe de edades ni de espejos,
solo entiende de amor y de amistad
el resto es algo inútil, solo un eco.


Ana Muela Sopeña

LA QUEMA DE SAINT SULPICE

*
Arde el portal de un templo,
un acto criminal enmascarado.

Años de historia en furia de silencio,
callan los medios
ellos se hacen cómplices.

Comienza sin aristas
una guerra sin armas contra Europa.

Cientos de iglesias arden en Nigeria,
en España se quema un templo en Écija,
miles de iglesias francesas
pasto de las llamas.

Guardan de un modo oculto
este enorme secreto.
Hacen como si nada los periódicos,
radios, televisiones y revistas.

No se trata de azar,
es controlado.

Lágrimas en lo oscuro,
agujero negro...

Versículos de fuego,
Apocalipsis...


Ana Muela Sopeña

PORTADORA ERRANTE

*
Me enamoré de la sombra y esa sombra tenía nombre de varón; pero era solo una quimera, atrapada en un reino de ficciones que se escondían siempre del relámpago y se amaban al sol de medianoche. Cuando todo se anegaba en el silencio la madreselva emitía un dulce arrullo y la lluvia susurraba como perla en la madrugada del misterio. Amé desde la risa y la esperanza mientras todo moría en precipicios de locura. Me enamoré de la niebla, para soñar desnuda con el mar y presentir sin miedo las tormentas. Me enamoré de la bruma más atávica con murmullos de agua y flores secas en mitad de la herida melancólica. Fui portadora errante de otro sueño, me introduje en los puentes de la luna, cicatricé sin miedo... en el vientre del mundo. Alumbré sin saberlo la oscuridad del pánico y nació la belleza sin aristas como desde otro punto más intenso, lleno de lo esencial tan milimétrico, la presencia de un vértigo infinito...


Ana Muela Sopeña

COMO DESDE OTRA LUZ

*
La mirada de espejos en la tarde quebrada por suspiros desnudos en la huida de azabache. Pasadizos azules en la ciudad abierta a los desvelos. Suburbios instalados en la noche. Caminos tras un muro, por el bosquecillo consagrado. Un trastero perdido entre las casas con la emoción del viento. Ropa sobre la hierba. Dentro duermen las bolsas, bicicletas, ánforas y cacharros obsoletos. Los cuadros, el jergón, el brillo mortecino de las callejuelas escondidas. La belleza de lienzos de otra época. Matices en la sombra de una bienvenida solitaria. Tus ojos en mis ojos. Tus manos en mis manos. Un adiós castigado a ser de piedra. Un hola sumergido en la neblina. Sobre el suelo mi roce por tu piel. Las horas detenidas en un reloj de arena casi igual que el resorte de los astros. Una imagen de estatua. El instinto ataviado con la lluvia. Abrazos condenados a ser bruma. Como todo en la vida del letargo un pasaje ya lúdico atravesando cúmulos de palabras dispersas en la niebla. Libertad de oraciones contenidas sobre un desierto azul y sin sorpresas. Humo quemando el alba. Crepúsculo rojizo de pasiones. El eterno retorno de las cosas en archivos de heridas ya curadas. Resistencia en la agenda de las horas... como desde otra luz...


Ana Muela Sopeña

CALLES DEL ADIÓS

*
A Marius Gabureanu

Siente el ojo de escarcha en tu guarida,
quemando la señal
en la arena de todos los crepúsculos.

Alumbra con farolas
las calles del adiós
mientras un fuego rojo te corroe
al desdeñar el suelo de las nubes.

En la infancia los lobos se llevaron
la emoción del deseo en su ritual.

Ella es mujer de nieve
pero el peligro aún está en el aire.

Tú eres hombre de luz:
contemplas las auroras boreales
en el sueño del mundo.


Ana Muela Sopeña

A UN DIOS DESCONOCIDO

*
La belleza del agua es siempre nítida
orando a la armonía del instinto.

Sabemos que el planeta es una diosa
irradiando la luz de la quietud.
En las noches de estrellas todo es paz.
Nadie comprende el caos, tan solo el orden.
Te adoro cuando el viento me señala
ondeando sonidos desde el aire.

Presiento que la sombra se termina
en las horas brillantes del crepúsculo.
Reclamo a un dios desconocido
devolver gratitud antes que heridas.
Oleaje del bien en las galaxias.
Nunca mires la grieta de la infancia
al despertar del miedo en pesadillas.
Mañana los deseos serán oro
en las rosas abiertas al amor.

Guarda la combustión de tus enojos
recuperando el fuego de la vida.
Alumbra con pasión el universo.
Canta desde la pena la esperanza,
imanta la atracción del indefenso.
Alza la voz por todos los que sufren,
sumerge los poemas en sonrisas.

Traigo un rayo de lobos con el alba
enredado a la música del bosque.

Atravieso la llama del infierno,
mientras cabalgo en nubes de quimeras
o me permito ser mujer de escarcha.


Ana Muela Sopeña

SILLA DE RUEDAS

*
Ella
soñó con su cascada favorita,
de color rojo fuego.

Él le pidió que hiciera un numerito:
que se balancease
en la silla de ruedas de su infancia.

Ella estaba desnuda,
se sintió muy incómoda.

Para él esa silla era importante.
Se percibía a salvo
y lleno
de silencios,
aliados como el agua.

Ella no comprendió, estaba perpleja.

Él dijo que era un chiste...


Ana Muela Sopeña

viernes, 1 de noviembre de 2019


HAIKU

*
La luna blanca
en el árbol de invierno.
Noche de nieve.


Ana Muela Sopeña

PALABRAS DORMIDAS

*
El aire de este invierno,
ya casi primavera,
me parece vacío
pero voy divisando el horizonte
dentro de las imágenes del sueño...

Los lunes leo siempre tus e-mails. Las palabras dormidas en cenizas, tumbadas por el rayo, vencidas por la marcha de silencio. Liturgia de las horas, música del amor dentro del alba.

Atravieso el instinto de la niebla,
envuelto en la belleza de la lluvia.

Los martes me derrito cuando miro tus fotos luminosas y nostálgicas, llenas de aquel secreto de tu infancia que contemplé sin miedo, por azar.

Vuelvo a ser una gota
en la melancolía del crepúsculo.

Los miércoles soy luz entre las sombras. Recuerdo nuestras citas, a la vez que me cubro de presagios.

Inicio los caminos del espejo,
diluyo cualquier muro
con rosas consagradas al abismo.

Los jueves investigo cada whatsapp. Visualizo y releo los mensajes que habitan el misterio, antes de la tormenta destructora.

Deambulo por aceras
y miro mi silueta
en los escaparates de las tiendas.

Los viernes analizo tus lienzos en la noche. El ritual creador que te animaba a ser alguien distinto cada día.

Luzco el ojo del viento y de las nubes,
traspaso las heridas,
me convierto en la cómplice del mar.

Los sábados contemplo sin temor SMSs llenos de sonrisas. Como si todo fuera una quimera, aliada de una estrella en el umbral de una puerta cerrada.

Adoro de tus ojos el relámpago
sumergido en el pulso
de la fuerza ancestral de un sortilegio.

Los domingos releo los poemas que te escribí pensando que lo nuestro sería para siempre y la erosión del tiempo no podría alcanzarnos...


Ana Muela Sopeña

NOSTALGIA DE LA LLUVIA

*
Las calles se parecen a tu alma
que despierta en la noche con neblina,
inmersa en la nostalgia de la lluvia.


-----

NOTALXIA DA CHOIVA

As rúas parécense a túa alma
que esperta na noite con brétema
inmersa na nostalxia da choiva.


Ana Muela Sopeña

LÁGRIMAS DE EXILIO

*
La tristeza fluía por el río como una lava negra y subterránea que iba superando los obstáculos hasta llegar al mar de la nostalgia. El instinto del orbe agonizaba llevando mi cabeza entre cenizas hasta la sepultura de los días. Todo se asemejaba a un gran teatro en medio de la luz y de la sombra como vértigo alado de la herida en la consagración del sacrificio. El vínculo traumático se hacía de acero en los convenios de la luna, se convertía en síndrome vacío para llegar al sol de medianoche. Las lágrimas de exilio en simetría adoraban la sangre adulterada por una infancia rota en el crepúsculo de imágenes cautivas y secretas. La tristeza moraba en cada pulso de la respiración de la galaxia, pero también vivía la alegría unida a los latidos ancestrales del sístole y el diástole del mundo sideral en su esencia más atávica.


Ana Muela Sopeña

VAN GOGH

*
Soy Vincent Van Gogh.
He sido enviado al mundo para pintar.
Todo lo demás es anecdótico.

Creo en Dios,
en mi hermano Theo
y en Gauguin.

Cuando salgo a la luz a pleno sol
experimento el mundo de las formas.
Respiro los colores y el fulgor
que marca sin lo oscuro
los límites del alma.

Amo la concreción de la belleza.
Mis manos se nutren
de la velocidad de la energía.

He sido colocado en esta Tierra
para dar testimonio
del puro arte pictórico.
Sin convencionalismos, sin temores.
Solo yo con el lienzo y lo real
que se transforma en clave, punto y gruta.
Mi paleta es refugio de la infancia,
fuente de eternidad, un manifiesto
de creación sin vértigo del orbe.

Han de pasar las décadas, los siglos,
para que mi pintura se comprenda;
porque he nacido pronto,
antes de tiempo.

He venido a romper los moldes clásicos,
a crear las semillas del futuro,
a desterrar el miedo de las formas,
a deslizar mis ojos más que oníricos
por los relojes cósmicos...

Soy Vincent Van Gogh, amo la vida.
El latido se encuentra en todas partes.
En la sombra del alma, en la locura.
En las estrellas plenas de recuerdos.
En el sol imperante.
En raíces de árboles, en rostros
que expresan el dolor con sus ojeras.

En este mes de estío hay fuego abrasador.
Un balazo me ha roto las entrañas.
Veintisiete de julio del noventa,
me disuelvo en el mar de lo que existe.
Atrapo del misterio lo esencial.
Me muero pero dejo mis pinturas
por si alguien las encuentra de interés.

Con treinta y siete años me despido,
me voy a residir a una estrella pequeña
donde crear contento sin descanso.


Ana Muela Sopeña

DIOSA DULCE

*
Por ello entre las sombras hago lumbre
y observo con cautela mi pasado
con una diosa dulce y creadora.


Ana Muela Sopeña

HERIDAS

*
El crepúsculo sabe de belleza,
presiente las verdades interiores
y deja al descubierto las heridas.


Ana Muela Sopeña

MAGIA

*
La mañana es la magia de las cosas
que sorprenden con luz llena de amor
y alumbran con las nubes de color
dentro de los enigmas de las rosas.


Ana Muela Sopeña

TRISTEZA

*
Avanzo por la niebla entre cenizas
y solo veo piedras y naufragios
en crepúsculos rojos de deseo
que tiñen de tristeza nuestro adiós.


Ana Muela Sopeña

martes, 29 de octubre de 2019


NIEVE EN BILBAO

*
El 28 de febrero del año 2018 nevó en Bilbao y todo se vistió de una blanca belleza...




Todo se cubre de blanco.

Las calles respiran
el fantasma del invierno.

Los bancos en los parques...

La gente gris camina por la nieve
translúcida en sus cápsulas de frío.

Bajo paraguas negros
la luz amada suave del amor.

Los niños con sus gorros
juegan con las bolas.
Intensa sensación
de un febrero silencioso.

Los coches enterrados bajo nieve.

Tras las ventanas
de edificios antiguos en quietud
espectáculos lúdicos de juego.

La ciudad hoy ha sido bendecida
por un blanco perfecto sin fisuras.

Huellas del habitante entre la nieve.

El quiosco de San Pedro...
los árboles divinos
se han llenado de copos.

La urbe en sus susurros
ha sido seducida
por termómetros llenos de sorpresas.

Dos grados bajo cero
y la respiración entrecortada.

La música de hielo nos arropa
con sonidos ocultos en la acera.

Todo se ha hecho tan blanco
que deslumbra.

Los problemas por fin
se han diluidos, lentos, en sonrisas.

La gente con sus móviles
saca fotografías de belleza.

Los portales se alzan
majestuosos siempre frente al mundo.


Ana Muela Sopeña

SUEÑO DE NUBES

*
Si quieres alumbrar mi desamparo
los mundos de la sombra me persiguen.
Precios de Belzebú dentro del agua
son como las semillas del ayer.
Sobre la tierra sueñan las ardillas
ese sueño de nubes y de arena.
Valor para tener una visión.
El instinto del mar ya no perdona.
Hombro de la belleza y de la herida
igual que los caminos de lo oscuro.


Ana Muela Sopeña

OJOS DE CREPÚSCULO

*
Lo que amo de tu luz es tu piel híbrida,
lo mismo que tus ojos de crepúsculo.
Te quiero como a un árbol de visiones,
deseo que las nubes te acompañen.


Ana Muela Sopeña

HOMBRES CAVERNARIOS

*
Por supuesto que las piedras con sus símbolos antiguos
convertirán el cuchillo en la puerta del número áureo.
Entonces la muerte azul se transformará en esfera
y la vida trepidante solo amará la galaxia
de Andrómeda en noches frías.
¿Hasta cuándo los susurros de los hombres cavernarios
atraparán en sus cápsulas a las hembras estelares?


Ana Muela Sopeña

LLUVIA Y LODO

*
Camino por las calles sin un rumbo. La ciudad ha quedado anclada a ti. Los árboles sin hojas me recuerdan nuestras conversaciones con café. Ya todo es transitorio, todo se ha diluido en el espacio. Ya nada permanece. Este final tan duro, frío y sórdido se parece a una tumba sin salida. La luz ha devenido sombra infame. El amor a la vida se ha hecho infierno. Los edificios grises susurran por las noches que nosotros ya nunca nos miramos. El instinto del agua es el veneno que no permite pasar página. Tus ojos se han tornado lluvia y lodo, como una sepultura de cenizas. Eres la transmisión de mi tortura. Todo se ha convertido en una herida. Las aceras desnudas son la sangre que mana de tu cuerpo sin conciencia. Una tormenta llena de relámpagos: el final de mi fe respecto a ti...


Ana Muela Sopeña

domingo, 27 de octubre de 2019


PÁJARO NOCTURNO

*
En la oscuridad del alma
reside siempre la herida
más allá de la tristeza
que se encuentra sumergida.

Cuando la luz se hace nítida
hay un pájaro nocturno
intentando ser amigo
de la desnudez y el humo.


Ana Muela Sopeña

COMO UN HOMBRE DE AGUA

*
Vagarás sin luz, solo y herido, por la ciudad de sombras. Tu memoria desnuda de mi piel te perseguirá hasta el cementerio. No podrás olvidarme en mundos de artificio porque sentirás, aunque te pese, la mentira del fuego sin sentido. Te pasearás entre las piedras de las sepulturas de cenizas. Recordarás en sueños el calor de mi herida. Te irás difuminando entre la niebla como un hombre de agua. Adorarás el tiempo compartido, aunque jamás me veas. Seguirás tu camino solitario en mitad de la bruma del verano. Todo parecerá una película con un final terrible y destructor. Pero jamás podrás perdonarte la cruda realidad. Tú fuiste el director y el guionista de este film despiadado.


Ana Muela Sopeña

DISTOPÍA

*
Cuidado con el aire que es letal.
Los chemtrails nos corrompen la conciencia.
El agua nos convierte en puros zombis
con el flúor que nos hace ser esclavos.
¿Cuándo esta distopía dará paso
a un nuevo amanecer del ADN?


Ana Muela Sopeña

FICCIÓN

*
Podría ser, mas todo es equilibrio
incluso en el desorden hay fractales
que explican algoritmos del azar.
No sabemos si el mundo es un teatro,
una ficción fingida por los seres
habitantes del alma del planeta
o nuestra realidad de cada día
surgida de pretextos.
¿Somos protagonistas de la Historia
o simples portadores
de guiones inventados
por aliens del espacio sideral?


Ana Muela Sopeña

POZO DE BRUMA

*
A veces la distancia de tu piel me trae a la memoria la oscura realidad de esta condena. La vida es como un tren sin un destino. Cuando alcanzas la cima, empieza el gran declive y de pronto, desnuda y por la espalda, llega la muerte gélida y voraz. No sé cómo olvidarte. Todos dicen que el frío ha de darme por fin la desmemoria. Pero te veo en cada árbol, en los edificios de la sombra, en nubes y portales. La ciudad me ha entrenado para verte con las gotas de la lluvia, en estatuas hieráticas, en aceras y pórticos, en los escaparates de las tiendas. Todo me habla de ti, a pesar de que mi mente racional me pide que te olvide. Los días van pasando. Las horas se suceden sin sonido. El tiempo inexorable avanza sin cesar. El silencio invade los espacios. Muy pronto llegará la primavera, pero tú ya no estás y las cosas dormitan en su sueño, mientras yo voy viviendo como una mujer muerta en un pozo de bruma.
A veces yo quisiera despertar, gritarte con palabras, vacías pero nítidas. Pero tú ya te has ido. Habitas en tu mundo de apariencias, mientras yo sigo caminando, despojada de todo, inmersa en mi utopía que convierte el infierno de este mundo en una construcción paradisíaca.
Cómo olvidar tus ojos, adheridos a calles y a la luz del cielo protector. Nuestras citas más lúbricas integradas en postales sin reloj. El instinto del alba y tu sonrisa suave que vestía mis horas de recuerdos.


Ana Muela Sopeña

RITUAL DE SUEÑOS

*
Mas la estación de nieve
no es solo la memoria solitaria.
También en ella anidan utopías,
manos entrelazadas en los pórticos
en un ritual de sueños sin preguntas.


Ana Muela Sopeña

TEMBLOR

*
Etéreo es el temblor de la esperanza,
mientras la lluvia fría de la tarde
nos trae a la memoria
los instantes atados a la nada
en relojes de espejos sibilinos.


Ana Muela Sopeña

ESE CAFÉ PENDIENTE

*
El vacío se filtra por las calles
mientras escucho pájaros nocturnos
en la distancia abierta de la luna.

Todo se hace más denso en las aceras.
Los transeúntes andan muy deprisa.
Persiguen ir más rápido
que la tristeza.

Rostros ensombrecidos por la herida
escapan ciegamente
de la grieta más sucia de la infancia.

Manos de lluvia juegan a perder
a personas que buscan su otro nombre.

El lado más oscuro del espejo
huye de la belleza,
de lo que pudo ser y nunca fue.
Las palabras no dichas,
los sueños no vividos,
los proyectos que nunca se alcanzaron.

Manos de escarcha juegan a extraviar
los huecos del amor y de la muerte.

Hay una luz oculta en el cristal:
las metas que cayeron
por el sumidero del dolor.

En el aire subyace todavía
ese café pendiente
que nunca nos tomamos para hablar...


Ana Muela Sopeña

PASADIZOS

*
La sombra se ha adueñado de mi alma en los pasadizos inquietantes de la locura sumergida en la traición. Todo se ha corrompido a pesar de las palabras silenciosas y la música nocturna de los pájaros. El instinto subterráneo de la herida ya no me lleva por caminos de pasión. Es el caos el despertar de la conciencia. El fuego primigenio se parece a la niebla invernal. Tus ojos escondidos en la bruma ya no me miran ni de día ni de noche. En los siglos venideros no podremos fusionarnos. Ahora solo somos habitantes del sueño de la muerte en los corredores de la nada.


Ana Muela Sopeña

ÁLBUMES DEL FRÍO

*
Todo en mí es tristeza.
Inundada de niebla y de nostalgia
mi alma se ha tornado oscuridad.

Allí donde residen las visiones
habitan las memorias de los sueños.

Todo en mí es de la bruma.
Melancolía suave en la mañana
sumida en la distancia de los árboles.

Los álbumes del frío nos amparan
en las cuevas desnudas de la sombra.

Todo en mí es un infierno
traspasado por ángeles caídos
en la desnudez de mis plegarias.

El vacío solitario
de la ciudad sin gente
alumbra nuestra piel en el sollozo.

Todo en mí es un naufragio
al descubrir tu huida sin palabras.

Invisible me torno por las calles
en la luz de una estampa invernal.

Todo en mí es inaudible
como el aire corrupto
que envenena mis párpados cerrados.

Un parque sumergido por la lluvia
se parece a las fotos
que me enviabas siempre cada noche.

Todo en mí es un destierro
que me congela cada célula.

El tiempo de la infancia
permanece latiendo en la "no espera".

Todo en mí es una grieta
escindida del núcleo del misterio.

El espacio adherido a nuestra dicha
se ha extraviado en los campos del dolor.


Ana Muela Sopeña

LA CIUDAD HA PERDIDO SU COLOR

*
Veo gatos de niebla en las esquinas
y árboles que aguardan a la luna.

La ciudad ha perdido su color
en mitad de la bruma y la tristeza.

Un frío maquiavélico
traspasa mi universo.

Tengo la piel helada,
los párpados de lluvia,
las pestañas de escarcha
y los huesos bañados en el lodo
de la melancolía.

Las tardes de este invierno
ya no serán testigos de la unión
que traspasó las líneas del espacio
y el tiempo sumergido en la nostalgia.

Todo se ha derramado por tu furia.

Ya solo nos podemos recordar
en estampas de nieve,
en paseos de abril
y en fotos de los álbumes de estío.

El pasado se ha hecho atemporal...
vivirá eternamente en mis escritos.

Da igual que llegue un día
en que ya no recuerdes ni mi nombre
o que los años pasen
y tu rostro se torne casi anónimo.

Mis versos se harán cargo en la memoria
del placer infinito
y de la interminable grieta oscura de la herida.

Como archivo imborrable
viviremos sin cambios
en el milagro eterno del poema
latiendo sin cesar entre las nubes.
Recordando aquel sueño imperturbable
que animó nuestro mundo...


Ana Muela Sopeña