lunes, 29 de septiembre de 2008

CIUDAD DE HIERRO

*
En aquella ciudad de hierro
las horas transcurrían lentamente

entre luces amadas del subsueño
y sombras atrapadas en silencios.

Muy lejos sucedían
minutos consagrados a la muerte,
como un destino lúcido
entre lirios de alcohol bajo las sábanas.

La mujer en las calles
caminaba sin prisa ni recuerdos
entre la lluvia fértil de otros mundos.

El hombre en su ebriedad
bebía cada noche
las historias fantásticas de la jornada.

Un día se encontraron bajo un árbol
en un punto sonámbulo entre bruma,

allí se destinaron un instante
en otro tiempo mágico.

Espirales de lobos y de druidas,
esferas entre enigmas
y círculos del agua sobre rutas.

Después de converger en líneas tangenciales
adivinaron el futuro entre runas sedientas de geranios.


Ana Muela Sopeña

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