*
El cuerpo se detiene
en la respiración del mundo apátrida.
No conoce las horas,
intenta desplegar el universo,
usurpa el humo blanco de las calles.
Al inhibir los pasos cotidianos
el reloj se comporta de otro modo.
Ya no existe la prisa,
todo puede esperar
y la visión se hace más difusa.
El cuerpo ahora es símbolo
de lo que pudo ser y nunca fue.
Ana Muela Sopeña
jueves, 23 de julio de 2009
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