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En tiempos adheridos a la rosa
me gusta beber agua de las fuentes,
para soñar con almas relucientes
inmersas en belleza tenebrosa.
El reloj se detiene en noches frías,
en momentos divinos de memoria
quebrada por el hueco de la historia
que pacta en el silencio de los días.
Las horas no perdonan el olvido
que aguarda en los umbrales del subsueño
y apaga su dolor entre cenizas.
Y el recuerdo restaura lo vivido
que arde sin descanso con beleño,
antes de que los mundos se hagan trizas.
Ana Muela Sopeña
jueves 2 de julio de 2009
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