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El tiempo es un vagón que va de lado
que transcurre veloz y hace su historia
con imágenes claras de memoria
que recuerdan un mar siempre calmado.
A veces un instante simulado
se queda como cruel dedicatoria
y nos hace sentir el mundo-noria,
sin saber si el olvido es ya pasado.
En trenes de conciencia hay un inicio
de visiones de luz al mediodía,
atrapando el delirio con beleño.
Y lo oscuro se adhiere a lo que es vicio
huyendo del reflejo de la ría
por aguas de archipiélago sureño.
Ana Muela Sopeña
jueves, 23 de julio de 2009
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