*
Descienden las palabras
por manantiales de belleza,
donde el fuego del bosque se derrama.
Y sueñan los vocablos
con raíces de mandrágora
abiertas a los lobos del abismo.
Ascienden nuestras sílabas
por los rincones de los púlsares,
en eclipses de acebo y lapislázuli.
Se sumergen las letras
en los lagos sin labios de la nada,
para encontrar el centro de la noche.
Y se esconden los trazos
en medio de un oasis,
en la lengua sublime del poeta.
Ana Muela Sopeña
martes, 18 de agosto de 2009
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