*
La ciudad misteriosa dormía en su silencio
con el aura magnética agazapada en sombra.
La niebla melancólica
sabía de las plazas
sumergidas en viento, en plegarias de mundos.
El sonido de un coche rasgó la madrugada
y la muchacha fue espíritu nocturno.
Después vagó sin cuerpo por calles y teatros
para ensoñar sin tiempo la belleza terrena.
Despidió su habitáculo con poemas de bruma,
se diluyó en el aire y se entregó a la nada.
Ana Muela Sopeña
sábado 14 de noviembre de 2009
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2 comentarios:
Qué hermoso, Ana!...Me has dado un bonito modo de empezar el sábado.
Con un abrazo. Soco
Me alegra, Soco, que te te haya gustado.
Un abrazo grande
Ana
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