*
A Carlos Guerrero
El agua no se deja convencer
no quiere convertirse en muro estéril.
La rosa necesita de la luz
no sabe ser de sueño entre las sombras.
Un río primigenio de saliva
comienza alegremente
el trayecto hacia el numen de la bruma.
La vida sólo es humo, sólo eso,
jamás se petrifica.
El abrazo perpetuo
podría ser la muerte en su quietud.
La búsqueda no cesa.
Un relámpago suave de misterio
perturba la belleza del crepúsculo.
Ana Muela Sopeña
domingo 21 de marzo de 2010
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