miércoles, 22 de enero de 2014

VÍCTIMA DE UN DIOS OSCURO

*
Víctima de un dios oscuro
podría destruirme
con las botas que llevan
los ejecutores de la muerte.

Camino en cementerios de pobreza
con el alma encendida
mientras mis mecanismos
de defensa
se van desintegrando en el exilio.

Soy víctima de alguien
que me mira sin verme
en los corredores más ocultos
de la locura enmascarada.

Podría revertir este desastre
para curar secuelas
de marginación y de orfandad
y en vez de ser la víctima
ser esa protectora
implacable, sin llanto ni penuria,
abierta a medicinas del espíritu,
invisible en la sangre de la condenación.

En una vida extraña
yo me quedo
para sanar el alma del espacio,
el alma colectiva de los seres
que sin norte encarnaron
para representar la tiranía.

Y en otra vida clara y silenciosa
me voy,
huyendo de lo denso
que lacera mi espíritu
con las flechas abyectas
que carcomen mi luz.

Me desdoblo en dos seres.

La hembra independiente
que escapa de la trampa
para ser simplemente una vestal

y la hembra con lágrimas de barro
que se queda en el ruedo
del símbolo del círculo,
con la serpiente medicina
cuyo veneno mata y cura
al mismo tiempo.

Las dos mujeres corren en abismos
donde los cronómetros están
avisando con timbres estridentes
y no se hallan las llaves
para sobrevivir
a la hecatombe
de lobos malheridos
por siglos y milenios de esclavitud absurda
a dioses belicosos y siniestros.

Las dos mujeres aman
con la pasión desnuda de los astros.
Se retuercen en pozos
donde el amor es sólo una metáfora.

Lucen con arrogancia
el rostro más brillante
de la creación de lo divino

o el rostro lacerado
mientras
un
llanto
amargo
acrecienta la herida
en las tinieblas.

La decisión se torna muy difícil.

La huida es sólo cura
de lo íntimo
mas quiebra de la especie.

Permanecer en cambio
es el reto sagrado
de la mutación mitocondrial.

Donde la víctima
se torna ahora una artífice
de cambios importantes:
como la masa crítica
o el centésimo mono.

Entonces ya no hay víctima
porque todo se altera
para siempre.

El juego de ajedrez
de púlsares sin pánico
avanza inexorable
por estelas divinas.

Células atrapadas por la luz
que dejan el período
cavernario,
los genes ancestrales
del Cromosoma Y
en los mundos antiguos
de Lemuria o la Atlántida.


Ana Muela Sopeña

5 comentarios:

Adelina Charneca dijo...

Que lindo Ana,é simplesmente emocionante!

Ana Muela Sopeña dijo...

Gracias, Adelina:

Siempre es una alegría que pases por mi espacio.

Un beso
Ana

Mayte Dalianegra dijo...

Bellísimo poema, Ana, misterioso, ancestral, y compuesto con un lenguaje exquisito. Lo comparto. Besos.

Cindy Groulx dijo...

Me encantó el post. Pero hay muchos mundos, este es sólo uno de los muchos. Los escritores escriben sobre estos mundos. Lo sentimos en mentes y corazones.
En amor y luz.
Cyn

Ana Muela Sopeña dijo...

Mayte y Cindy, gracias por vuestras palabras.

Besos
Ana